martes, 7 de octubre de 2014

La Casa del Ritmo. N° 1.

 

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La Guerra de 4ta generación o el ponte que te pego. Por VSS


Sí. Estamos ante un escenario de Guerra de 4ta Generación, esto se ha repetido hasta el cansancio, sin embargo las implicaciones de esta severa afirmación rara vez son señaladas, peor aun, pocas veces se ha dicho con tino lo que significa este tipo de conflicto, bajo el cual se encuentra en este momento y con tendencia a recrudecer nuestra Patria venezolana. Una guerra de 4ta generación se caracteriza por la instalación de diferentes teatros de operaciones, que a diferencia de las guerras convencionales (de 1ra, 2da y 3ra generación) no necesariamente significa diferentes espacios geográficos de un territorio (aunque también), y cada uno dependerá de las debilidades y fortalezas de la nación asediada.


En un conflicto de 4ta generación y es el caso Venezolano, el ataque esta fundamentalmente basado en nuestras debilidades, vemos así que tenemos diferentes escenarios o campos de ataque y defensa, siendo los mas notorios la guerra mediática, la guerra económica, guerra sicológica; y por ultimo, mas recientemente se ha puesto sobre el tapete la posibilidad de una guerra epidemiológica, aunque sobre esta última afirmación yo no me aventuraría a avanzar tan ligeramente. Estos diferentes teatros de operaciones se valen de tácticas y estrategias que ya hace rato se han puesto en marcha en el país, y así reconocemos agresiones de distintos tipos, entre ellos, el conflicto social (con la delincuencia como punta de lanza), el terrorismo y paramilitarismo (atentados y control de fronteras), el rumor y la desinformación, el desabastecimiento (de productos y divisas), la protesta violenta (guarimba), y un largo etcétera.


Sobre este mar de escenarios de conflicto hemos estado navegando desde meses antes de la partida del comandante presidente Chávez. Un conflicto de este tipo avanza y evoluciona con una velocidad abrumadora, y sus características son tan cambiantes como lo es la realidad de las naciones atacadas. En un escenario de guerra de 4ta generación la táctica, la operatividad y la estrategia puede cambiar radicalmente en cuestión de minutos, de manera tan agresiva que nuestra capacidad de respuesta es superada fácilmente, hasta que logramos comprender y reaccionar ante la modificación planteada, obviamente siempre muy tarde.

Otra característica fundamental es la capacidad de generar dudas sobre la lectura de la realidad, esta se hace difusa, confusa; una población bajo efectos de Guerra de 4ta Generación (Guerra Sicológica) comienza a dudar de su propia realidad, generando además grandes cantidades de ansiedad por incertidumbre y dudas ante la veracidad de la información, esto implica además, que en su afán por acceder a fuentes informativas fidedignas navegue y naufrague en las falsas noticias, la propaganda negra y el rumor, donde las redes sociales juegan un papel autodestructivo y devastador, pues la víctima se convierte de repente y sin proponérselo en propagador de falsas informaciones, así el sujeto asediado se transforma sin darse cuenta en un agente al servicio de la parte agresora.


Pese a que este tipo de agresiones han sido denunciadas hasta el hastío (hago énfasis en lo del hastío), pocas veces, por no decir nunca, hemos sido lo suficientemente claros y concisos para comunicarle al pueblo, a la base patriota, las razones verdaderas del por que son estos, y no otros, los ámbitos de ataque hacia nosotros. Lo cierto es que de no tener medios de comunicación al servicio de intereses extranjeros y de carecer de una política comunicacional de guerra, de no tener tan altos niveles de corrupción tanto en el sector publico como privado, de no contar con aterradores niveles de inseguridad y violencia social y de no tener una nefasta política cambiaria, estos jamás hubiesen sido los nichos de ataque contra nuestro país.

Pese a lo ya comentado, las posibilidades de salir victoriosos de este conflicto son amplios y esperanzadores, fundamentalmente, porque estamos librando (resistiendo realmente) una agresión cuyo manual se esta escribiendo casi en simultaneo a las acciones adelantadas, es decir, los análisis y correcciones en cuanto al método de ataque y defensa, el enemigo los hace prácticamente cuando las operaciones están, diría Walter, “en pleno desarrollo”. Cabe mencionar que este tipo de conflicto tiene apenas 20 años implementándose en diferentes naciones, lo que significa que ha sido una especie de ensayo y error, hasta que nos tocó el turno.

Nuestra victoria y supervivencia dependerá de la capacidad que tengamos para solucionar (y bajo fuego enemigo será mucho mas difícil) todos los asuntos que nos hacen vulnerables ante un ataque de las características ya descritas, esto aunado a que debemos implementar acciones de defensa de nuestro territorio y sobre todo de protección de la psiquis de nuestro pueblo; en lo sucesivo iremos avanzado y desarrollando cada uno de estos temas en futuros escritos con la intención de aportar un minúsculo granito de arena a fin de contrarrestar venideras agresiones, pero es fundamental comprender y hacer comprender a quien compete que la estrategia de seguridad y defensa de la nación, por ahora, no radica en movilización de tropas, armamentos y misiles, pues mientras esperamos que los gringos desembarquen en La Guaira, no se consigue leche en el mercado.

Vladimir Sosa Sarabia.
Octubre 2014.

jueves, 6 de febrero de 2014

Plan de alfabetización audiovisual, Cultura y Comunicación.


Llama la atención como todo el debate relacionado con la violencia en el cine y la televisión, apunta a afilar los mecanismos de control y censura, incluso uno de nuestros mas notables intelectuales propuso el pasado domingo en su columna semanal “un impuesto de diez UT por cada representación ficcional” de cualquier delito que se difunda en cine, radio y televisión; tamaño paquete, se acabo el cine de vaqueros, acción, suspenso y horror.


Sí, es cierto que hay que aplicar las leyes y reglamentos en cuanto a la emisión y publicación de mensajes violentos, los mecanismos existen, el punto está en ponerlos en práctica. La Ley de Responsabilidad Social en Radio, Televisión y Medios Electrónicos, cariñosamente llamada Ley RESORTE, contempla toda una clasificación de tipos de mensajes que pueden ser difundidos o no, según el horario, pero rara vez, y fundamentalmente en la televisión privada es acatada la norma.

Para efectos de las salas de cine toda película es clasificada como A, B o C, lo que delimita la edad que deben tener los espectadores para poder acceder con “refresco y cotufa” en mano a disfrutar de determinada película; así la cosa queda en, A para todo publico, B para mayores de 12 años y C para los de 18 años en adelante; curiosamente cuando un espectador quiere saber la clasificación de una película determinada, por lo general pregunta “¿Qué censura es?”, sin que eso genere mayor histeria en los acérrimos defensores de la libertad de expresión y de creación.


En Venezuela en los últimos 15 años se ha vivido como nunca antes, la mas pulcra de las libertades de expresión, información y creación, siendo todas defendidas a ultranza por el comandante eterno Hugo Chávez Frías, es mi opinión, así lo creo. Por otro lado, ha sido incentivada como jamas ha sucedido en nuestro país la producción de contenidos en radio, cine y televisión; la creación de canales de tv, radios, casas productoras y salas de cine, por no mencionar numeritos estadísticos, así lo comprueban.

Zamora, tierras y hombres libres / Dir. Roman Chlabaud - Guión. Luis Britto Gárcia

Entonces, desde mi humilde punto de vista, se debe avanzar en dos direcciones, la primera ya bastante comentada, difundida y discutida, como lo es la aplicación de los controles existentes y otros por crearse que regulen los mensaje violentos en nuestros medios. El otro camino y en mi opinión el que resultaría en un mayor impacto social, transformador y revolucionario, es el de la formación; debemos avanzar en un riguroso plan de alfabetización audiovisual, que permita a nuestro pueblo decodificar y rechazar los mensajes ofensivos y violentos a los que nos somete la industria cultural capitalista.

Un plan de alfabetización audiovisual, permitiría nuestro pueblo blindarse ante cierto tipo de mensajes y enfrentarse a ellos sin la vulnerabilidad de la que la industria cultural se vale para intoxicarnos. El análisis critico de los medios, la interpretación de contenidos audiovisuales y mensajes simbólicos debe ser desarrollado desde la escuela y mantenerse a lo largo de todo el periodo de educación básica, disponer de 2 o 3 horas a la semana para ver una película, un documental o un programa de televisión para luego comentarlo con un guía (maestro, profesor o facilitador) que oriente la actividad, debería bastar para que en el andar de su vida se vaya desarrollando la capacidad de comprensión de los contenidos emitidos por los medios.

En este sentido debería poder contarse con espacios en la televisión publica para la formación del resto de los venezolanos, vincular las actividades y tareas escolares con estos espacios para así, involucrar a padres y representantes. La sinergia entre los Ministerios del Poder Popular para la Educación, Educación Universitaria, Cultura y Comunicación e Información es fundamental en este asunto. La emisión de contenidos violentos, sobretodo en el plano de los simbólico si moldea conductas sociales, hay que actuar. Solo la educación nos hará libres.

Vladimir Sosa Sarabia
Director de Fabrica de Medios de MPPCultura
Febrero 2014

miércoles, 5 de febrero de 2014

Winston, cultura y televisión.


Desde la convocatoria que hiciera en innumerables ocasiones el presidente obrero Nicolás Maduro para una avanzada comunicacional y cultural para la paz, muchas acciones se han dado en el campo comunicacional. Cambios, transformaciones y la hasta la creación de nuevos viceministerios dentro del MiPPCI, fue el resultado de un reacomodo orientado a consolidar una hegemonía cultural y comunicacional transformadora. Así entre los diferentes nombramientos William Castillo quien desempeñaba una excelente labor al frente de Tves, quedó encargado del nuevo Viceministerio para la Televisión y como Director General de CONATEL en sustitución de Pedro Maldonado. El timón de la Televisora Venezolana Social Tves fue entregado al animador Winston Vallenilla con Roberto Messuti como segundo de a bordo, y como era de esperarse, allí empezó el zaperoco.

Winston Vallenilla - Presidente de Tves
Winston otrora animador estrella del tóxico RCTV, y quien protagoniza uno de los programas mas lamentables que haya conocido la televisión venezolana como lo es “La Guerra de los Sexos”, es el encargado de dirigir un canal que esta llamado a ser la oferta televisiva de la revolución bolivariana ante la avasallante industria televisiva capitalista. Visto esto, ¿Es una decisión acertada?, no lo se, lo que si me parece es que es una jugada digna de analizar. A mi me gusta pensar que, cuando por las razones que sean, la revolución debe sentarse con los fascistas a debatir o dialogar (si esto acaso fuera posible), el emisario debe siempre ser el mas probado y radical de los revolucionarios (sin que esto signifique exaltar el revolucionometro), el delegado debe ser aquel que tenga mayor claridad de las ideas y teorías socialistas y el mayor compromiso y gallardía en la acción transformadora, es decir, enviar al que menos se les parezca.

Viendo este panorama e intentando una reflexión, vale decir que, Winston quien no solo ha hecho carrera dentro de los medios de comunicación privados como animador y actor (aunque como actor no le fue precisamente bien), se caso con la actriz y modelo Marlene De Andrade y además es hijo de uno de los locutores mas reconocidos de la televisión venezolana, Winston Vallenilla padre. El tipo tiene una vida entera dentro de los medios televisivos, su familia gira entorno a la televisión. El punto es que el animador ha vivido dentro de esa televisión que los venezolanos debemos superar, es decir, conoce al monstruo por dentro.

Tirios y troyanos han despotricado de la decisión de Nicolás, de encomendar al hombre de “La Guerra de los Sexos” y ex militante de la causa RCTVeca la conducción de Tves; unos hablan de la debacle de nuestra propuesta televisiva, por la cual el Gobierno tuvo que confiar a un farandulero las riendas del canal para levantar el rating, suerte de espada de Damocles cuando de medios se trata. Otros irresponsables dispararan, asegurando que el canal social fue entregado a un “escuálido infiltrado”; un solo reclamo, inspirado y emotivo, me hizo detenerme cuando, vía Facebook el periodista José Roberto Duque, haciendo uso de su estilo, mentó madres mientras recordaba como en noviembre de 2013 Vallenilla ofendiera a Rafael Martínez Arteaga, nuestro querido y respetado cultor conocido como “El Cazador Novato”, y si eso fue así y ya lo creo, pues “el Duque” refiere al propio testimonio del Cultor, Winston tendrá mucho que aprender, para entender que en una sociedad socialista la estrella es el pueblo.

Dirigir un canal de televisión en la pujante Venezuela socialista, es una responsabilidad de altísimo nivel, quizá (aunque peque de imprudente) mayor que el de dirigir algunos ministerios. Winston seguramente a estas alturas ya sabrá que fue ascendido al grado de General dentro de la estructura comunicación y cultural de la revolución, y esto significa muchos sacrificios, mucha disciplina y mucha diligencia, y sí coño, no solo tiene que dejar de hacer “La Guerra de los Sexos”, sino que además debe hacer fuerza moral para que ese bodrio desaparezca.

El reto para Winston es el de desaprender todo lo tóxico que la televisión basura haya inoculado en el a lo largo de sus años de experiencia. Superar el facilismo de la televisión bobalicona no es cosa fácil, deberá separar muy bien lo que debe rescatar y que debe desechar de lo aprendido en su trayectoria. El ego, valiosa herramienta a la que meten mano artistas y creadores, deberá ponerlo en descanso, tendrá que escuchar a tantas voces autorizadas (y no autorizadas como la mía) como sea posible para construir un modelo de televisión que este país necesita, pero seamos honestos nadie sabe como es y menos como se hace, ni siquiera los que juran que tienen claro el asunto. Nuestro modelo comunicacional y cultural es una construcción colectiva basada en el ensayo y error; y siempre habrá que dudar de aquel que asegure que tiene la solución en su tablet esperando a que le “den el cargo” para ponerlo en practica.

Mas allá de la disciplina, di mi voto de confianza (y no solo por la instrucción del comandante Chávez) a Nicolás para que dirigiera al país y a la revolución en los años venideros, hasta ahora creo que ni Chávez, ni los mas de 7 millones y medio de venezolanos que apostamos a Maduro nos hemos equivocado; a Nicolás lo he acompañado en gobiernos de calle, inspecciones y otras coyunturas que vivimos en el virulento 2013, y le acompaño en el llamado a conformar una cultura y una comunicación para la paz y la vida, Nicolás invitó a Winston Vallenilla y ambos tienen todo mi respaldo, pero ojo Winston no es gratuito, tienes que desaprender, escuchar y dejarte ayudar.

Vladimir Sosa Sarabia
Productor Audiovisual
Director de Fabrica de Medios de MPPCultura
Febrero 2014

lunes, 7 de octubre de 2013

EL CINE VENEZOLANO SE LA JUEGA

Nuestro cine crece y madura de la mano de un Estado que financia total, o parcialmente, cada película sin importar que con ello también se consoliden creadores y actores pertenecientes al stablishment cinematográfico que se opone abiertamente al proyecto del gobierno. ¿Muestra de democracia o exceso de “bondad”?






¡El parto!

Dicen que el cine venezolano nació un 28 de enero de 1897, pero le tocó una infancia jodida: no fue sino hasta 1973 que el Estado decidió fomentar la cinematografía nacional, dejándose llevar por la euforia del llamado “boom petrolero”. Sin embargo, cuando vio que la cosa no era tan rentable, lo primero que mandó al carajo fue la “cultura”. Y colorín colorado: poco o nada nos duró la magia del 77, cuando por fin logramos realizar 29 películas en un año, nos convertimos en el tercer productor de América Latina y hasta nos batimos un champú estrenando El pez que fuma de Chalbaud, trayéndonos uno que otro galardón a casa. Luego, entramos a un oscuro túnel donde pocas veces se asomaba la luz: el récord de taquilla de la película Homicidio culposo de César Bolívar, que alcanzó la cifra de 1.335.085 espectadores (1984); los 19.189.350 bolívares recaudados por Macu, la mujer del policía (1987); el decreto presidencial que dio origen a la Fundación Cinemateca Nacional (1990); la primera Ley de Cinematografía Nacional que, además, estableció la creación del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (1994); y la puesta en marcha de la Escuela Nacional de Medios Audiovisuales de Mérida (1998). Hasta saltar al año 2006: el refrescamiento del cine, la inauguración de la Villa del Cine y esa Red Audiovisual de Salas Comunitarias que parecían ofrecer un nuevo capítulo. Sí, el cine venezolano había crecido o, al menos, eso decía su partida de nacimiento y tocaba asumirlo, ¿no? ¡No hay vaina más ladilla que un viejo haciendo el ridículo!



Punto y aparte

Después de la falta de apoyo, de las producciones escasas e irregulares, de las películas monotemáticas donde se estigmatizaba al pueblo, de la victoria de lo foráneo sobre lo nacional, nuestra historia cinematográfica decidió cambiar de párrafo: en los últimos años nos hemos deleitado con películas comerciales, filmes autorales, dramas sociales. En fin, una gran cantidad de producciones que no significaron un bajón en la calidad. Para ñapa, podemos agregar que una gran cantidad de gente ha ido a ver las películas (La hora cero y Hermano lograron entrar en la lista de las 25 películas venezolanas más vistas en el país, por ejemplo) y hace apenas unos días se dio a conocer que 1.904.717 espectadores han acudido a las salas de cine de toda Venezuela para ver las 11 producciones nacionales estrenadas en lo que va de año: ¡casi dos millones de personas en tan solo un semestre! Y ahora es que faltan estrenos: Corpus Christi; Secreto de confesión; La distancia más larga; Papita, maní, tostón; Hasta que la muerte nos separe. Por eso se espera que el número de espectadores crezca hasta llegar a los 2.500.00. ¿Les parece poco? Bueno, quizás, pero antes solo 0,3% del cine visto en Venezuela era nacional y hoy vamos por 11%. Ese detallito nos posiciona como el país de América Latina en el que más se ve cine hecho en casa. Ah ¿sí? ¡Verga!, y ¿a qué le debemos el milagro?



¿Magia divina?

¡Bueno, ya!, ni milagros ni panfletos. El crecimiento del cine venezolano se debe al apoyo sostenido del Estado. Listo, no hay para donde agarrar. Es una realidad que se ha hecho innegable, incluso en los sectores que más se oponen al Gobierno. Ustedes mismos lo han podido ver: la producción cinematográfica venezolana antes de 2000 era casi nula, con algunos éxitos, pero intangible en cuanto a cantidad. Y haciendo tan poquito cine, ¿cómo carajo íbamos a alcanzar el nivel deseado? Tan básico como eso: mientras más personas (no, no diré “cineastas”) mostrando su mirada, más oportunidades hay de tener mejores producciones. Por eso, a partir de 2006, se intensificó increíblemente la cantidad de trabajos escritos y dirigidos en el territorio nacional, con diferentes estilos e historias que han hecho que el pueblo tenga opciones a la hora de escoger.


La Villa del Cine y el CNAC se han encargado de gerenciar (término pa’ aburrido, ¿no?) la actividad cinematográfica en Venezuela, hasta el punto de formular políticas que estimulen nuestra industria (sí, es una industria, con todo lo negativo o positivo que eso pueda tener). Hasta el año pasado la Villa había realizado más de 80 películas. El CNAC ha estado igual, o más activo, en cuanto a financiamiento, pero además es el encargado del Laboratorio del Cine y el Audiovisual de Venezuela que, al parecer, vive en una dictadera de talleres.



Ay, pero ¡Qué crónica tan rosa!

¡Coño, ya va!, denme chance. Yo sé que ustedes, incrédulos empedernidos, al igual que yo, ya se andan preguntando: ¿sí?, ¿de verdad esta vaina es así tan de pinga?, mientras preparan los tiros que podrían darme la sacrosanta sepultura periodística. Entonces, vamos a adelantar la jugada: ¿cómo se otorgan estos financiamientos? ¿Qué tanto se beneficia el stablishment cinematográfico? ¡El qué! Sí, sí, ya sé que hay nuevos talentos y se ha estrenado más de una rimbombante ópera prima (la primera película de tu vida, pues), pero una cosa no anula la otra: en las altas esferas del cine existe una extraña pero innegable especie de “élite”. Unos “clanes” dignos de analizar:


El primero es el grupo de José Ramón Novoa y su esposa Elia K. Schneider, quienes son productores y codirectores, dependiendo de los roles escogidos, de películas como Sicario, Huelepega, Punto y raya, Des-autorizados, etc, etc. Además, en el último año se les sumó el hijo de ambos: Joel Novoa, quien es el director de la película Esclavo de Dios, que justo ahora está en cartelera. Este grupo es el más poderoso en términos de producción, pero eso no es todo. Hay otro “clan” merideño donde se encuentra Karina Gómez, quien dirige el Festival del Cine Venezolano de Mérida, y su compañero Leonardo Henrique. ¿Qué cuál es la visión política de estos creadores? Fácil: se oponen acérrimamente al rrrrrégimen. También están otros grupos como el de Diego Rísquez, Mauricio Siso, etc. Y ese otro donde antes podíamos mencionar a Chalbaud y al fallecido Rodolfo Santana.



Coño, ¿y por qué?

“Durante mucho tiempo la industria cinematográfica estuvo sometida a un letargo donde solo algunos realizadores podían sobrevivir haciendo cine. Sobre todo los que tenían la posibilidad de presentar y defender proyectos en las comisiones del CNAC. ¿Y quiénes eran esos? Los que evidentemente tenían mayores posibilidades y podían pimponearse las responsabilidades. Por ejemplo, familias constituidas por un director y una productora o un productor y una directora, que se intercambiaban constantemente los roles, para garantizar que uno pudiese dirigir su película producida por la otra y viceversa. Eso hacía que construyeran una filmografía sostenible en el tiempo. No es lo mismo esa realidad a la de una persona recién salida de la universidad o recién metida en este mundo cinematográfico, enfrentándose solo a las grandes jaurías”, explica el productor Vladimir Sosa Sarabia quien, oportunamente, agrega: “Además, el cine es un negocio de la pequeña burguesía y eso es en Venezuela y en todas partes del mundo. El cine es como un trípode, tiene tres patas: es arte, es entretenimiento y es negocio. Todo el que hace una película aspira a ganar plata y esa es una visión burguesa. Los hijos del pueblo se van por otras manifestaciones artísticas porque estudiar o hacer cine es sumamente costoso. Sin embargo, en estos tiempos hay un despliegue en cuanto a la formación audiovisual que ha generado un ejército de realizadores que presenta otro lenguaje, otra forma de hacer cine”.

Por su parte, el director Luis Alberto Lamata considera “fundamental que se creen mecanismos que aseguren que en cualquier entrega del CNAC haya un porcentaje importante de óperas primas siempre. Yo, en algún momento de mi carrera, cansado, porque constantemente me rechazaron los proyectos en el CNAC, tomé la decisión de no volver a meter proyectos: durante cinco años, efectivamente, no lo hice. Estaba cansado de esa rutina, del esfuerzo de ilusionarte con un proyecto, de presentarlo y encontrarte con que sencillamente no te lo aprobaban. Por eso me parece interesante que el Estado asuma directamente la producción de una parte del cine a través de la Villa del Cine, generando oportunidades laborales”.



¿Y los aires de cambio?

“Yo creo que el CNAC cada vez se ha democratizado más. Fíjate, hasta hace un par de años aplicaban un sistema de selección terrible: unos baremos que te hacían acumular puntos en función de la trayectoria del equipo que tú convocabas para el proyecto. Ese sistema nos ponía en total desventaja a los nuevos realizadores, pues el currículo de Gabriela y La Taguara, al lado del de Román Chalbaud o Solveig Hoogesteijn, lucía bastante precario. Sin embargo, esto ha cambiado en aras de que haya más oportunidades. El sistema de los baremos ha sido sustituido por el concurso de guiones presentados con pseudónimos y ahora prela, para la selección, el valor de la historia por encima del nombre del autor. Para mí eso es un gran logro, así como el hecho de que las comisiones que estudian el proyecto son conformadas por representantes del Estado, de los cineastas, de los productores, del Ministerio de la Cultura e incluso de cineastas internacionales, a fin de que las decisiones no se tomen a dedo o por amiguismo”, comenta Gabriela Fuentes, integrante de la productora La Taguara Fílmica.


Algo similar nos dice el cineasta Carlos Azpúrua: “El CNAC ha dado proyectos a todos de forma plural, abierta y parcial en términos de porcentaje, aunque en la selección de proyectos, fundamentalmente, influye el currículo del director, los avances del cortometraje al largometraje, así como su manejo del lenguaje cinematográfico y el guión. Fíjate, para el año que viene se esperan 30 películas, la mayoría financiadas por el CNAC, y son de gente joven”.



La pantallera

¡Coño!, y a todas estas: ¿por qué usarán siempre al mismo grupo de actores telenoveleros que despotrican abiertamente de los muchos o pocos logros alcanzados por el Estado? “Porque garantizan taquilla. Si tú trabajas con actores conocidos, que tienen fans, pues eso hace que el público prefiera tu película. Muchas veces a la gente no le interesa la producción ni la trama ni quien la dirigió, pero la van a ver porque ahí trabaja el ‘fulanito’ de la telenovela ‘tal’. Una película que tiene en su planta actoral a actores comerciales, que funcionan como gancho, pues tiene mejor comportamiento en taquilla. Cosa que no pasa con actores desconocidos o no profesionales, aunque hay excepciones como, por ejemplo, la película Hermano. Igual, honestamente yo creo que a muchos de nuestros directores les cuesta arriesgarse y prefieren irse por lo seguro. Para crear una industria de cine nacional se debe tener una gran plantilla de actores, técnicos y realizadores que no necesariamente hayan venido de la publicidad o de la telenovela. Pero a veces pareciera que nuestros mismos realizadores prefieren quedarse en el estado de confort. El mundo del teatro está lleno de actores desconocidos pero buenos, jóvenes y comprometidos. ¿Por qué no son tomados en cuenta? Creo que solo la Villa del Cine ha dado algunos pasos en ese sentido”, agrega Vladimir Sosa.



Otros detalles

“Es verdad, pero eso no es lo único que tenemos que mirar al pensar en nuestro cine. Por ejemplo: el tema de las mujeres. Si revisas las películas hechas por el Estado o por los sectores adversos al Gobierno, te das cuenta de que nuestros personajes femeninos suelen ser los más estereotipados, menos protagónicos e interesantes del mundo; eso sí, siempre podrán aportar una escena erótica que apoye al tráiler. Además, creo que todavía tenemos mucho que revisar sobre la manera como construimos no solo la imagen de ‘la mujer’, sino también la idea del ‘pueblo’ y del ‘pobre’. Creo que nos falta preguntarnos muchas cosas como realizadores y realizadoras, más allá de que si el Estado nos apoya o no, que en lo personal creo que en este momento Venezuela es uno de los Estados que más apoyo está brindando a su cine. Debemos buscar el tiempo y la forma para contar nuestros puntos de vista en formatos más complejos y así atrevernos a recorrer otras tribunas, porque a veces somos nosotros mismos quienes, por inseguridades o temores, no nos atrevemos a pasar de la pantalla chica a la pantalla grande, y ese es uno de los retos: perderle el miedo a nuestras historias ya que, por primera vez, tenemos un Estado interesado en escucharlas. No tengamos miedo a la crítica, que es saludable y necesaria para el fortalecimiento individual y colectivo, para poder constituir una cinematografía que dé cuenta de la riqueza y complejidad de lo que somos como gente”, agrega Gabriela Fuentes.



Y ahora sí: El verdadero enemigo

“Hay otro problema más grave aún al que no hemos sabido llegarle: los espacios de exhibición. Seguimos con 90% de las salas controladas por dos grandes monstruos: Cinex y Cines Unidos, que exhiben 95% de cine norteamericano con toda la penetración ideológica que eso implica”, insistió el cineasta Carlos Azpúrua. 


Vaya, punto complejo este: “Las distribuidoras de cine norteamericanas jugaron siempre un papel para que Venezuela no tuviera una Ley de Cine. Y ahí surge otro punto: los encargados de la distribución y la exhibición son los mismos. Los dueños de las salas son también los distribuidores y por eso hasta el reparto de las ganancias es tan desproporcionado”, agrega Luis Alberto Lamata.


Para finalizar, un Vladimir que nos eche el cuento puntualito. Ustedes saben, como para saber fijar postura en la batalla: “El negocio del cine exige que, para llegar a las pantallas, debes pasar por un distribuidor, es decir, un director o un productor no puede llegar directamente a las salas y decir ‘Hola, acá esta mi película’. No. Debe haber una empresa que negocie con las salas. Y en Venezuela las salas de cine son las exhibidoras y las distribuidoras a la vez. Entonces, Cinex tiene a la distribuidora Blancica y Cines Unidos tiene a la distribuidora Cines Unidos. Son los mismos. Se quedan con la mayor parte de las ganancias y hasta le niegan a otros la posibilidad de exhibir las películas.

Toda película venezolana tiene, por derecho, dos semanas mínimas de permanencia en las salas y los exhibidores privados cumplen con esa obligatoriedad pero, ¿qué pasa? Si después de esas dos semanas la película alcanza un porcentaje específico de espectadores, puede optar a más tiempo en la cartelera y para los exhibidores eso no es rentable. ¿Por qué? Porque alcanza el porcentaje requerido, pero no llenan totalmente la sala, como sí podría hacerlo una película gringa. Porque aunque parece que el negocio de los exhibidores es la película, lo más rentable es la caramelería: mientras más se llena una sala, más se venden cotufas y refrescos. Listo”.

Por Jessica Dos Santos Jardim
Foto Asdrúbal Briceño

Tomado de Revista Epale. Domingo 6 de octubre de 2013 (Diario Ciudad Ccs)